19.8.13

Come away with me



Creado con fondo de 'Come away with me' Norah Jones. 2009






Come away with me... in the night... susurraban los altavoces en el salón, con una voz de gasa y almendra que adormecía el aire. Una luz, suficiente para definir facciones pero escasa para distinguir algunas intenciones, sostenía sus hermosos rostros en su lugar. Una gota que escapaba del cabello de Silvia y resbalaba hasta su conciencia, refrescó su ansiedad. "Te traeré una toalla, estás empapada."- dijo Manuel para ganar tiempo. Tiempo. Tiempo era lo único que había tenido su historia. Años y años cumplidos, pero vacíos de emoción, de sensaciones como ésta. Aunque pasados estos últimos treinta segundos, algo le hizo sentir que había merecido la pena. 

Manuel conocía a Silvia desde la primaria y aún recordaba aquel primer encuentro hace más de dos décadas. Silvia era nueva en el colegio. El primer día de clase todos los chicos de su curso bajaron a curiosear. Manuel los acompañó. Quién diría que la inocente decisión de seguir a sus amigos aquella mañana iba a cambiar su destino por completo. Al llegar al patio interior del colegio vieron al Padre Beltrán hablando con una chica. Todos impacientes, no podían esperar a verle la cara. Tampoco tuvieron que hacerlo. Aquella menuda figurita comenzaba a girarse hacia ellos. Manuel sintió que el estómago le daba un vuelco. Un tenue rayo de sol iluminaba lo que pensó era la cosa más perfecta que había visto en su vida. Una niña de porcelana, con la boca rosa como el algodón dulce y el cabello brillante como las figuritas que tenía su abuela en la vitrina del comedor. Aquella escena pudo durar 10 segundos en el tiempo real, pero para Manuel era una película eterna que se proyectaba una y otra vez en su cabeza. Ese día la empezó a querer.

Los años y la cercanía hicieron que Silvia y Manuel se hicieran grandes amigos. Influyó la devoción con que Manuel atendía cada una de las súplicas de Silvia y a que nunca desvelara lo que sintió aquel primer día. El álbum de sus vidas se fue llenando de imágenes juntos; la graduación, la universidad, bodas de amigos, bautizos. El tiempo pasó y aquel amor asfixiante, que Manuel llevaba cual monedero, siempre oculto en el bolsillo, empezó a cicatrizar. Había aprendido a vivir con ese amor, como se aprende a vivir con las alergias y la miopía. Las salidas con chicas y los amores fugaces de una noche, distraían su corazón en las noches de soledad. Tanto así, que llegó a pensar que había logrado olvidarla. Un día, Silvia le dijo que se marchaba a Francia. Una oportunidad de trabajo le hizo comprender que nada la ataba en su ciudad. Manuel se dio cuenta, en ese momento, de que no la había olvidado, que jamás lo haría y pensó confesar todo; su amor, su delirio, su deseo, lo nunca dicho... Lo intentó, pero estaba todo tan cristalizado dentro, que lo único que alcanzó a decir fue: -"¿Cuándo volverás?" La misma pregunta que repetía en cada una de las largas conversaciones telefónicas que tuvieron desde entonces. La cual recibía, siempre, la misma contestación de parte de Silvia. -"Cuando alguien me espere, Manuel."  

Años volvieron a pasar cual segundos y un día nublado de otoño conversaban como de costumbre. Al final de la conversación, Manuel hizo su pregunta habitual. Silvia dio su respuesta habitual. Unos segundos más tarde, la voz de Manuel llenaba el silencio. "Yo te espero, Silvia, siempre lo he hecho." Luego, en los segundos siguientes, sólo se escuchaban las respiraciones a través de la línea.

Llovía. Llovía muchísimo. Manuel puso música y se sentó en el salón. Come away with me... in the night... Le encantaba aquella canción que decía todas las cosas que siempre quiso decir. Pensó en la brevedad de los años, de la vida y las oportunidades perdidas. Oyó el timbre de la puerta. Al otro lado del umbral, callada, mojada, pequeña, perfecta, estaba Silvia, como todo el bien del mundo... esperando. Manuel, sintiendo que eso era lo más parecido a un sueño, la tocó. Estaba helada y estaba allí. La hizo pasar y fue a buscar una toalla. Buscando en el armario se prometió que no volvería a dejar pasar otro día sin decirle lo que sentía. Volvió con la toalla y el corazón en la mano. Volvió con bellas palabras entre los labios, volvió para quererla, volvió para besarla. En el salón, uno frente al otro, no pronunciaron palabra. ¿Qué se podía decir? ¿Qué palabra, que no resultara insulsa? Ninguna. Todo estaba dicho hace mucho tiempo.